La Zona del Silencio: el desierto mexicano donde, según la leyenda, las radios enmudecen, las brújulas fallan y los meteoritos caen en serie
Un cohete estadounidense cayó ahí en 1970, y el lugar ganó nombre y fama. Desde entonces, la geología del desierto acumuló capas de leyenda que van más allá de la evidencia.
- Cuándo
- 1970
- Dónde
- Bolsón de Mapimí, Durango, México
- Situación
- Explicado en parte la explicación principal es aceptada; quedan detalles abiertos
Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 6 min.
En 1970, la Fuerza Aérea de Estados Unidos lanzó un cohete Athena desde Green River, en Utah, rumbo a la base de White Sands, en Nuevo México. El cohete perdió el control en pleno vuelo y cayó mucho más al sur de donde debía, en una región remota del desierto mexicano entre los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila.
Cuando el equipo estadounidense llegó para recuperar los restos, encontró una zona de terreno árido y prácticamente deshabitado. Y, según el relato que se popularizó desde entonces, descubrió algo que sus equipos no esperaban: interferencia en las señales de radio que volvía la comunicación errática o imposible.
La zona pasó a llamarse Zona del Silencio. Y la historia de por qué las radios no funcionarían ahí, por qué las brújulas se comportarían de forma extraña y por qué ese tramo específico de desierto acumuló una cantidad desproporcionada de meteoritos es una mezcla de geología documentada, física interesante y una leyenda que creció mucho más allá de las pruebas.

Lo que está verificado geográficamente
La Zona del Silencio corresponde aproximadamente al Bolsón de Mapimí, una cuenca cerrada, de drenaje interno, en el desierto de Chihuahua, sin salida al mar, cubierta por una combinación de planicies salinas, matorrales espinosos y rocas sedimentarias. Es una de las regiones más áridas de México, con menos de 200 mm de lluvia al año.
La región se ubica aproximadamente en el paralelo 27°N, la misma latitud que el Triángulo de las Bermudas, el Himalaya y el desierto del Tíbet, una coincidencia geográfica que alimentó comparaciones populares, pero que no tiene relevancia científica conocida.
La interferencia en las señales de radio en la zona es muy comentada. Si se trata de una anomalía electromagnética real, es de una naturaleza muy distinta a la de la señal Wow!, que sigue sin explicación décadas después: allá, frecuencias que no deberían existir, llegadas de direcciones que no deberían producirlas. La explicación más citada para la Zona tiene que ver con la composición mineral del suelo: la región tendría concentraciones anormalmente altas de minerales magnéticos (magnetita y otros óxidos de hierro), que pueden interferir con las frecuencias de radio y alterar la lectura de las brújulas.
Anomalías magnéticas de este tipo existen en otras regiones del mundo y tienen explicaciones geológicas bien establecidas. Lo que hace especial al Bolsón de Mapimí es la combinación de concentración mineral, aridez extrema (que deja expuestas las formaciones rocosas) y un aislamiento que preservó las características del terreno.
Los meteoritos
La concentración de meteoritos en la región es el dato más genuinamente intrigante, y el más verificable.
La Zona del Silencio tiene una de las mayores concentraciones de meteoritos hallados por superficie de todo México. Allí se recuperaron varios ejemplares de importancia científica, entre ellos fragmentos carbonáceos poco comunes que contienen aminoácidos y otros compuestos orgánicos de interés astrobiológico.
La explicación científica es menos dramática que la mitología local: la aridez extrema conserva los meteoritos (que en regiones húmedas se oxidan rápido), la vegetación escasa facilita verlos en el suelo, y el terreno plano de las planicies salinas hace que los objetos oscuros se detecten con facilidad. Las regiones áridas de todo el mundo, como el Atacama, el Sahara y la Antártida, concentran meteoritos por las mismas razones.
Eso no significa que la concentración en Mapimí no sea real o significativa. Significa que la explicación puede ser geológica y climática, no necesariamente ligada a las anomalías magnéticas de la región.
Existe además una hipótesis, no demostrada: los dos fenómenos tendrían la misma causa geológica, y las concentraciones minerales que hacen a la región magnéticamente distinta serían indicio de una historia de impactos extraterrestres que enriquecieron el suelo con material meteórico a lo largo de milenios.

Las historias que crecieron
Alrededor de los datos verificables creció una mitología considerable sobre la Zona del Silencio.
Habitantes y visitantes reportan con regularidad avistamientos de ovnis, sobre todo después del incidente del cohete estadounidense de 1970, que llevó actividad militar y gubernamental a la región y, como era inevitable, especulación. La Reserva de la Biosfera de Mapimí, que cubre parte de la zona, tiene reglas de acceso que, para algunos, se volvieron la "prueba" de que el gobierno oculta algo.
Hay relatos de animales albinos poco comunes en la región, como serpientes blancas y tortugas de caparazón blanco, que algunos interpretan como señal de radiación o de una anomalía genética causada por las propiedades del lugar. Los biólogos que estudiaron la fauna de la zona encuentran albinismo en proporciones normales para poblaciones pequeñas y aisladas, sin nada que sugiera una causa externa.
La flora de la región incluye cactus y plantas de formas geométricas inusuales, que alimentaron historias de "mutaciones". Los botánicos identifican esas formas como adaptaciones evolutivas normales a las condiciones extremas de aridez y calor, no como anomalías.
Lo que ocurre en la Zona del Silencio es el proceso inverso al de la mayoría de los misterios históricos: en lugar de intentar explicar algo genuinamente inexplicable, estamos viendo cómo una geología inusual (la concentración verificable de meteoritos, las anomalías magnéticas atribuidas al suelo) acumula capas de interpretación que van más allá de lo que la evidencia sostiene.
Lo que la ciencia investiga hoy
La Reserva de la Biosfera de Mapimí se creó en 1979 y ha producido investigación científica legítima sobre la ecología de los desiertos, la adaptación de la fauna a ambientes extremos y la geología del Bolsón.
Investigadores del Instituto de Astronomía de la UNAM estudiaron la distribución de meteoritos en la región con métodos modernos de mapeo. La concentración se está documentando y catalogando, y algunos ejemplares tienen un valor científico importante, entre ellos condritas carbonáceas que pueden aportar información sobre la composición del sistema solar primitivo.
La anomalía magnética en sí está siendo mapeada con mayor precisión por geofísicos mexicanos. Entender la estructura geológica que la genera podría tener implicaciones para los modelos de prospección minera de la región.
Lo que probablemente no se encontrará: portales dimensionales, bases de ovnis ni energías místicas. Lo que sí se puede encontrar: una geología inusual, con propiedades físicas reales que se siguen comprendiendo cada vez mejor.
Por qué persiste el mito
La Zona del Silencio es un caso de estudio sobre cómo los seres humanos responden a lo desconocido. Tenemos instrumentos que dejan de funcionar, un paisaje árido y alienígena, una historia de objetos caídos del cielo (el cohete estadounidense, los meteoritos) y la sensación de estar en un lugar donde las reglas normales no se aplican. Ese patrón, lo desconocido en el cielo convertido en relato, aparece también en la Batalla de Los Ángeles de 1942, cuando el ejército estadounidense disparó 1.400 proyectiles contra algo que nadie logró identificar.
Esa combinación es lo bastante poderosa para generar relatos que llenan los vacíos con lo que nuestra cultura ofrece como explicación de lo inexplicable: fuerzas ocultas, visitantes de otros mundos, energías que la ciencia convencional no reconoce.
Que la ciencia convencional tenga explicaciones en parte satisfactorias no borra el impacto físico de una radio que enmudece en medio del desierto o de una brújula que gira sin encontrar el norte.
Algunas experiencias son más fuertes que las explicaciones.
México no es el único lugar donde las anomalías geofísicas dieron origen a relatos de misterio. Lea también sobre la isla Queimada Grande, en Brasil, otro lugar prohibido, por razones mucho más concretas, y sobre el incidente del paso Dyatlov, donde el ambiente extremo fue tan aterrador que las víctimas salieron de la carpa, con temperaturas bajo cero, sin la ropa adecuada. Para un evento en el que el cielo realmente cayó, vea el evento de Tunguska.