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Anastasia: el ADN que resolvió el misterio y las preguntas que quedaron

Durante décadas, mujeres de todo el mundo dijeron ser la hija del zar que escapó del fusilamiento. El ADN descartó la supervivencia, pero no lo explicó todo.

Cuándo
17 de julio de 1918
Dónde
Casa Ipátiev, Ekaterimburgo, Rusia
Situación
Explicado en parte la explicación principal es aceptada; quedan detalles abiertos

Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 5 min.

Retrato familiar en sepia: un hombre de barba y uniforme, una mujer de pie, cuatro jóvenes de blanco y un niño de marinero
La familia del zar Nicolás II: la pareja, sus cuatro hijas y el menor, Alexéi. Ilustración creada para este artículo, no es un registro de época.

En la madrugada del 17 de julio de 1918, en Ekaterimburgo, en los Urales rusos, el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, sus cinco hijos (Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexéi) y cuatro sirvientes fueron llevados al sótano de la Casa Ipátiev y fusilados por orden del gobierno bolchevique.

O quizá fueron seis de los once. O siete. O los once.

Durante décadas, la pregunta de cuántos habían sobrevivido alimentó una de las historias más trágicas y romantizadas del siglo XX, y abrió espacio a impostores, buscadores de esperanza y mujeres perturbadas que encontraron en la identidad de Anastasia una salida para sus propias historias.

Entre 1994 y 2009, el ADN cerró la cuestión principal. Lo que quedó es más sutil, y más inquietante.

El fusilamiento y lo que se encontró

La ejecución quedó registrada por el comandante bolchevique Yákov Yurovski en un informe detallado que permaneció en archivos soviéticos durante décadas. El informe describía el fusilamiento, los problemas que surgieron (la familia llevaba joyas cosidas en la ropa, que desviaban las balas) y el destino de los cuerpos, llevados primero a una mina abandonada en Ganina Yama y enterrados después en una fosa en el bosque.

Los cuerpos fueron descubiertos por investigadores soviéticos en los años setenta, pero el hallazgo se mantuvo en secreto. Tras la disolución de la Unión Soviética, se reveló el lugar y las excavaciones formales comenzaron en 1991.

Se encontraron nueve cuerpos. Faltaban dos: el análisis de los esqueletos indicó que los cuerpos de Alexéi y de una de las hijas (identificada por algunos investigadores como María y por otros como Anastasia) no estaban en la fosa.

Una segunda fosa, hallada en 2007 a 70 metros de la primera, contenía huesos parcialmente cremados de dos adolescentes, identificados mediante análisis de ADN como Alexéi y María.

El ADN de los cuerpos de ambas fosas se comparó con muestras de sangre del príncipe Felipe, duque de Edimburgo (pariente de la zarina Alejandra por línea materna), y con otros miembros comprobados de la familia. La coincidencia fue inequívoca: los once cuerpos habían sido encontrados e identificados.

Anastasia murió en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918.

Anna Anderson y el mito de la sobreviviente

La más famosa de las mujeres que afirmaron ser Anastasia fue Anna Anderson, una mujer de origen incierto que apareció en Berlín en 1920, rescatada de un canal donde había intentado ahogarse.

Mujer de cabello oscuro sentada en una cama de hospital, con las muñecas vendadas; al fondo, una enfermera y dos hombres
Anna Anderson apareció en Berlín en 1920, tras ser rescatada de un canal, y empezó a afirmar que era Anastasia.Ilustración creada para este artículo, no es un registro de época.

Anderson afirmaba ser Anastasia. Convenció a algunas personas cercanas a la familia Romanov. No convenció a otras. Pasó décadas en juicios tratando de que la reconocieran como heredera de los Romanov. Nunca lo logró.

Cuando murió, en 1984, se conservaba una muestra de su tejido. En 1994, un análisis de ADN comparó esa muestra con material de los huesos de Ekaterimburgo y con la familia Romanov comprobada. El resultado fue definitivo: Anna Anderson no era Anastasia. Según un análisis de ADN adicional, era probablemente Franziska Schanzkowska, una obrera polaca que había desaparecido en Berlín en 1920.

Junto con las dos fosas, eso cerró la cuestión de la supervivencia de Anastasia. Pero no cerró todas las preguntas.

Sótano vacío de techo abovedado, con ventana enrejada, piso de tablas y papel tapiz estampado y descascarado
Fue en el sótano de la Casa Ipátiev donde la familia y sus cuatro sirvientes fueron fusilados.Ilustración creada para este artículo, no es un registro de época.

Lo que el ADN no responde

El ADN confirmó que todos los miembros de la familia Romanov fueron asesinados y encontrados. Lo que sigue en debate es la historia completa de lo que ocurrió aquella noche. Es el mismo tipo de resolución parcial que el ADN ofreció en el caso de Kaspar Hauser: confirmó algunos aspectos y abrió otros.

El informe de Yurovski, escrito años después, fue revisado varias veces y tiene incoherencias que los historiadores siguen analizando. El proceso de destrucción de los cuerpos (intentos de quemarlos y de enterrarlos en lugares distintos) fue más largo y más difícil de lo que el informe sugiere.

Y está la cuestión de lo que la familia sabía o sospechaba antes del fusilamiento. Cartas halladas en los archivos rusos indican que el zar tuvo esperanzas de un rescate casi hasta el último momento. La rapidez con que se ordenó y se llevó a cabo la ejecución sugiere urgencia, posiblemente el temor de que las fuerzas blancas que se acercaban pudieran de verdad liberar a los Romanov.

La tragedia de Anastasia no necesita sobrevivientes para ser extraordinaria. Es la historia del fin de una dinastía de trescientos años, ejecutada en el sótano de una casa burguesa, cuyos miembros pasaron los últimos meses de su vida intentando mantener la normalidad en circunstancias imposibles.

Los diarios de Anastasia del período de cautiverio, llenos de observaciones sobre juegos de cartas, lecturas y pequeñas alegrías cotidianas en circunstancias cada vez más sombrías, son uno de los documentos humanos más inquietantes del siglo XX. Una voz registrada, una identidad confirmada, un destino conocido, y aun así la sensación de que algo esencial sigue sin conocerse. Es distinto del caso de la Mujer de Isdal, pero igual de inquietante: ningún registro, una identidad borrada, un destino incierto.

Para otra figura cuya historia se entrelaza con el fin de los Romanov, lean sobre Rasputín. Para un caso en que el Estado mantuvo oculta una identidad como instrumento de poder, vean el Hombre de la Máscara de Hierro. Para una identidad perdida de forma aún más absoluta, vean la Mujer de Isdal y Kaspar Hauser, otro caso en que el ADN resolvió una parte del misterio y dejó preguntas abiertas.

Fuentes

  • Gill, P. et al. (1994). "Identification of the remains of the Romanov family by DNA analysis." Nature Genetics.
  • Coble, M.D. et al. (2009). "Mystery solved: the identification of the two missing Romanov children using DNA analysis." PLOS ONE.
  • Massie, R.K. (1995). The Romanovs: The Final Chapter. Random House.
  • King, G. & Wilson, P. (2003). The Fate of the Romanovs. Wiley.

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