Rasputín: lo que revelaron los archivos secretos rusos y lo que aún ocultan
Un campesino siberiano sin estudios llegó al centro del poder en la Rusia de los zares. Lo que dicen los documentos sobre su influencia, su política y su muerte.
- Cuándo
- diciembre de 1916
- Dónde
- San Petersburgo, Rusia
- Situación
- Explicado en parte la explicación principal es aceptada; quedan detalles abiertos
Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 5 min.
La historia del asesinato de Rasputín es una de las más dramáticas del siglo XX: envenenado con cianuro suficiente para matar a diez hombres, baleado tres veces, golpeado y aun así encontrado con vida por sus asesinos, que finalmente lo ahogaron en el río Nevá en diciembre de 1916.
El problema es que esa versión es en gran parte exagerada, creada por los propios asesinos para glorificarse. Los informes médicos y los registros policiales cuentan una historia diferente.
Pero lo que los archivos rusos (incluidos los de la Ojrana, la policía secreta zarista) revelan sobre Grigori Rasputín es, en muchos aspectos, más intrigante que la leyenda del monstruo inmortal.
Quién era Rasputín en realidad
Grigori Yefímovich Rasputín nació hacia 1869 en Pokróvskoye, en Siberia. No tenía educación formal. Tenía fama local de poseer dones de curación y visión espiritual. Dentro de la tradición ortodoxa rusa del strannik, el peregrino espiritual que recorre el país en busca de Dios, Rasputín viajó mucho y llegó a la capital, San Petersburgo, hacia 1903.
Lo que lo distinguía de decenas de otros predicadores y curanderos ambulantes que recorrían la Rusia zarista era una combinación de intenso carisma físico, un conocimiento práctico de técnicas de hipnosis y sugestión que probablemente desarrolló de forma empírica, y una oportunidad histórica singular: el hijo del zar Nicolás II, el zarévich Alexéi, tenía hemofilia grave.
Rasputín fue presentado a la familia imperial en 1905. Y demostró, de manera constante y durante años, la capacidad de aliviar las crisis hemorrágicas de Alexéi cuando ningún médico lo lograba. Era la misma clase de eficacia inexplicable que Nicolas Flamel atribuía a sus compuestos medicinales en el siglo XIV, y que Cagliostro demostraba en sus curas del siglo XVIII: tres hombres de épocas distintas que convencieron a los más poderosos de su tiempo de confiar en ellos.
¿Cómo? Esa es la pregunta central sobre Rasputín que los documentos no resuelven del todo.
El problema de la hemofilia
La hemofilia del zarévich era grave. Las crisis hemorrágicas internas causaban un dolor insoportable y ponían en riesgo su vida. Los médicos de la época no tenían un tratamiento eficaz: básicamente intentaban inmovilizar al niño y esperar.
Rasputín llegaba, pasaba un tiempo con Alexéi y las crisis mejoraban. Eso ocurrió una y otra vez, documentado por múltiples testigos, entre ellos miembros de la familia imperial y médicos.
Las hipótesis más aceptadas hoy: hipnosis o sugestión profunda que reducía la ansiedad y el llanto de Alexéi, lo que bajaba la presión arterial y ayudaba a controlar los sangrados; la supuesta instrucción de Rasputín a la familia de no usar aspirina (que inhibe la coagulación y que los médicos de la época recetaban como analgésico); o una combinación de ambas.
Ninguna de estas explicaciones es sobrenatural. Pero la combinación de una eficacia constante con la falta de una explicación clara bastó para que la zarina Alejandra, desesperada por la vida de su hijo, le diera a Rasputín una influencia sobre la familia imperial que fue, políticamente, devastadora.

Los archivos de la Ojrana
La Ojrana, la policía secreta zarista, vigilaba a Rasputín con una atención creciente a medida que aumentaba su influencia sobre la familia imperial. Los informes de vigilancia que se conservan son reveladores.
Los agentes registraban las visitas de Rasputín, sus declaraciones, su comportamiento. El retrato que surge es el de un hombre de profundas contradicciones: genuinamente religioso por un lado, y dado a las borracheras y a una conducta sexual escandalosa por otro, que él justificaba con una teología peculiar sobre el pecado y la redención.
Los informes también muestran algo menos conocido: Rasputín tenía posiciones políticas. Se oponía de forma constante a la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial. Intentó en varias ocasiones influir en el zar contra el conflicto. Cuando sus intentos fracasaron y la guerra empezó, predijo que sería un desastre para los Romanov.
En eso, tenía razón.

La muerte y la autopsia
El príncipe Félix Yusúpov, uno de los asesinos, publicó unas memorias en las que describió el asesinato como una saga de horror: Rasputín sobrevivía al veneno, a las balas y a la golpiza, y aún era capaz de intentar estrangular a Yusúpov antes de ser finalmente ahogado.
La autopsia, realizada por el médico forense Kosorotov, no confirma esa versión épica. Rasputín recibió tres disparos, y el de la frente fue mortal. El informe no encontró cianuro en cantidad significativa en los tejidos. La causa de la muerte fue el disparo en la cabeza.
La historia del monstruo inmortal fue una construcción deliberada de los asesinos, hombres de alta posición social que necesitaban presentarse como héroes que habían librado a Rusia de un demonio, y no como asesinos que mataron a un campesino de un tiro en la cabeza.
Lo que es verdad sobre Rasputín es lo bastante fascinante sin necesidad de exageraciones: un siberiano iletrado que llegó a tener una influencia real sobre los últimos zares de Rusia, que alivió el sufrimiento de un niño hemofílico por medios que la medicina no entendía del todo y que, según algunos relatos, predijo su propia muerte y el colapso de la dinastía con una precisión que sus contemporáneos solo reconocieron después.
Y el paralelo con Nikola Tesla es inevitable: dos hombres de talento extraordinario a los que el poder usó mientras le convinieron y descartó cuando se volvieron incómodos. Uno murió asesinado; el otro, en la pobreza.
Para otros personajes que ejercieron una influencia desproporcionada sobre los poderosos de su época, lean sobre el conde de Saint-Germain y sobre Cagliostro. Para el destino de la familia que Rasputín no logró salvar, vean Anastasia Romanov.