El manuscrito Voynich: el libro en una lengua desconocida que resistió un siglo de descifradores
Plantas que no existen, diagramas de estrellas y un texto que ningún descifrador logró leer. El pergamino es de comienzos del siglo XV.
- Cuándo
- c. 1404–1438
- Dónde
- Biblioteca Beinecke, Universidad Yale, Estados Unidos
- Situación
- En debate explicaciones en competencia, sin consenso
Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 4 min.
En la Biblioteca Beinecke de Yale, guardado en condiciones controladas de temperatura y humedad, hay un libro de 240 páginas que ningún ser humano vivo puede leer.
El manuscrito Voynich lleva el nombre del librero polaco Wilfrid Voynich, que lo adquirió en 1912 a un colegio jesuita en Italia. Está escrito en un sistema de escritura que no corresponde a ninguna lengua conocida y resistió un siglo de intentos de desciframiento, que incluyeron a los mejores criptógrafos estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial y, después, a los de la CIA y la NSA, a lingüistas computacionales de las universidades más importantes del mundo y a una comunidad global de aficionados.
Nadie logró leer una sola frase.
Qué hay en el manuscrito
El manuscrito tiene aproximadamente 240 páginas (faltan algunas). Que exista un libro escrito por alguien que esperaba que otros lo leyeran, y que nadie leyó jamás, tiene un paralelo inquietante en el rongorongo de la isla de Pascua: otra escritura que los propios descendientes de sus autores ya no logran descifrar.
Las páginas se dividen en secciones temáticas identificadas por los investigadores:
Sección botánica: La mayor parte del manuscrito. Ilustraciones de plantas con raíces, tallos, flores y semillas elaborados. El problema: la mayoría de las plantas no corresponde a ninguna especie conocida. Algunas combinan características de plantas reales de formas imposibles.
Sección astronómica: Diagramas de estrellas, constelaciones y lo que parecen ser representaciones del Sol y de la Luna. Algunas rosetas circulares con estrellas, que los investigadores intentaron identificar con patrones celestes conocidos, sin consenso.
Sección biológica: Las páginas más inquietantes: pequeñas figuras humanas femeninas sumergidas en tubos, piscinas y estructuras interconectadas. Su significado es completamente opaco.
Sección farmacéutica: Frascos, recipientes y lo que parecen ser recetas médicas o fórmulas, con texto que posiblemente identifica ingredientes o dosis.
Sección de recetas: La sección final, con párrafos de texto marcados con estrellas o flores, posiblemente una lista o un recetario.
En todo el manuscrito, el texto fluye de forma constante de izquierda a derecha, con patrones estadísticos que los lingüistas identifican como propios de la escritura natural, y no de una sustitución aleatoria o sin sentido.

Los intentos de desciframiento
El manuscrito fue analizado por algunos de los criptógrafos más brillantes del siglo XX.
William Friedman, considerado el padre de la criptología estadounidense y responsable de romper el código japonés PURPLE durante la Segunda Guerra Mundial, pasó años intentando descifrar el Voynich. Fracasó. Su anotación en el propio manuscrito dice: "La hipótesis es que sea un sistema de lengua artificial muy anterior a cualquiera conocido."
Cagliostro afirmaba entender el conocimiento hermético de los textos alquímicos medievales, escritos en un lenguaje cifrado que pocos podían descifrar. Si el Voynich fuera un texto alquímico, podría haber pertenecido al mismo universo que habitaba Nicolas Flamel.
La NSA mantuvo clasificados durante décadas los documentos sobre su análisis del Voynich. Cuando se desclasificaron, revelaron que las mejores mentes de la agencia tampoco habían logrado avanzar.
El análisis computacional moderno identificó patrones estadísticos en la distribución de las letras y palabras del manuscrito que son compatibles con lenguas naturales, y no con textos aleatorios o con una sustitución simple. Esto sugiere que el manuscrito codifica algo con una estructura lingüística real.
Un análisis de 2019, publicado en la revista PLOS ONE, usó redes neuronales para sugerir que el manuscrito podría ser hebreo oculto, escrito con reglas específicas de omisión de vocales. La hipótesis despertó interés, pero no fue confirmada por la comunidad de investigadores.

Las hipótesis sobre lo que es
Lengua artificial: Una lengua inventada por su autor para registrar conocimientos que quería proteger. Compatible con los patrones estadísticos, pero no explica por qué no sobrevivió ninguna clave de esa lengua.
Código de sustitución elaborado: Un texto en una lengua conocida transformado por un sistema de sustitución complejo. Compatible con los patrones, pero difícil de conciliar con los análisis que no encontraron ninguna estructura de sustitución conocida.
Glosolalia sistematizada: El autor habría producido un texto que parece lingüístico, pero que no tiene contenido semántico real: un sistema de escritura que imita una lengua sin serlo. Posible, pero difícil de conciliar con la coherencia interna del manuscrito.
Lengua real desaparecida: El manuscrito registraría una lengua que no sobrevivió en ninguna otra fuente. Posible, pero exigiría un aislamiento lingüístico improbable.
La datación por radiocarbono del pergamino indicó que el material es de comienzos del siglo XV (entre 1404 y 1438). El manuscrito podría haber sido copiado de una versión anterior.
Lo que había en la mente de quien lo escribió sigue ahí, encerrado detrás de un sistema que ningún ser humano vivo logró volver a abrir.
Para otros documentos y mensajes que resistieron los intentos de decodificación, lean sobre la señal Wow!, el mensaje más breve e intrigante que ningún criptógrafo necesitó descifrar. Para una escritura perdida con consecuencias históricas, vean el rongorongo de la isla de Pascua. Y para el contexto alquímico medieval en el que el manuscrito pudo haber sido producido, vean Nicolas Flamel.