La epidemia de baile de 1518: cuatrocientas personas que no podían dejar de bailar, y algunas murieron en el intento
Médicos, cronistas y el concejo de la ciudad dejaron constancia escrita del brote. Cinco siglos después, todavía no hay consenso sobre su causa.
- Cuándo
- julio a septiembre de 1518
- Dónde
- Estrasburgo, Alsacia, Francia
- Situación
- En debate explicaciones en competencia, sin consenso
Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 6 min.
A mediados de julio de 1518, una mujer llamada Frau Troffea empezó a bailar en una calle de Estrasburgo, que entonces formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico.
No se detuvo.
Bailó durante días. Sin música. Sin pausa para comer ni dormir. Los pies le sangraban, pero seguía. En una semana, otras treinta personas se habían sumado. En un mes, el número llegaba a cuatrocientas.
Las autoridades de la ciudad, siguiendo el consejo de los médicos, dispusieron un salón, músicos profesionales y tarimas de baile, convencidas de que la mejor cura para la compulsión era dejar que se agotara sola. Los bailarines siguieron. Algunos murieron de agotamiento, ataques cardíacos o insolación.
En septiembre de 1518, el brote cesó tan misteriosamente como había empezado.
Esto ocurrió de verdad. Está documentado en registros médicos, sermones, crónicas municipales y notas de notarios de la época. Y todavía hoy no hay consenso científico sobre qué causó la epidemia de baile de 1518.
Las fuentes históricas
El brote de baile de 1518 en Estrasburgo es uno de los eventos medievales mejor documentados de su tipo. Entre las fuentes están:
- registros del concejo municipal de Estrasburgo, que discutió el problema en reuniones formales y ordenó medidas;
- crónicas contemporáneas en alemán y latín que describen el hecho con detalles específicos;
- anotaciones de médicos que examinaron a los bailarines;
- documentos eclesiásticos de predicadores que interpretaron el hecho como un castigo divino.
El historiador John Waller, de la Universidad Estatal de Michigan, que pasó años investigando el caso para su libro A Time to Dance, A Time to Die (2008), analizó todas esas fuentes y concluyó que el brote fue real: no metafórico, no exagerado, no malinterpretado por los cronistas. Cientos de personas bailaron compulsivamente durante semanas en Estrasburgo en 1518.
Las hipótesis y lo que las sostiene
Ergotismo: el centeno, principal cereal de la región en esa época, se contaminaba con frecuencia con el hongo Claviceps purpurea, cuyos alcaloides tienen efectos alucinógenos y espásticos. Una contaminación masiva podría causar conductas compulsivas y alucinaciones.
Problema: el ergotismo típico causa espasmos y convulsiones, no bailes coordinados. Y los bailarines de 1518 fueron descritos como conscientes y angustiados, no en estado alucinatorio.

Histeria colectiva o enfermedad psicógena masiva: la explicación predominante entre los historiadores modernos. En condiciones de estrés colectivo extremo (hambre, enfermedades, miedo religioso), los grupos humanos pueden desarrollar síntomas físicos reales sin una causa orgánica identificable. Según esta hipótesis, el brote se propagó por contagio social: ver a los bailarines desencadenaba la misma conducta en observadores predispuestos.
El contexto de 1518 es relevante: la región sufría escasez de alimentos, brotes de sífilis y viruela, y un intenso terror religioso por la salvación eterna. La población vivía un estrés colectivo excepcional.
La histeria colectiva es un fenómeno documentado que todavía ocurre: brotes de síntomas físicos inexplicables en grupos (escuelas, fábricas) que se propagan por observación y contagio social. El caso de 1518 sería el mayor y más extremo ejemplo histórico registrado.
El culto a San Vito: en la tradición religiosa de la región, San Vito estaba asociado a la protección contra enfermedades que causaban temblores y baile involuntario. Hay peregrinaciones documentadas al santuario de San Vito después del brote, lo que sugiere que la población de la época interpretó lo ocurrido como una posesión o un castigo vinculado al santo.
John Waller propone que la creencia religiosa pudo haber sido un factor causal: personas que creían de verdad que podían ser poseídas por San Vito, en condiciones de estrés extremo, entraban en estados disociativos que se manifestaban como baile compulsivo.

Por qué la decisión de las autoridades pudo haberlo empeorado todo
Uno de los aspectos más fascinantes del brote de 1518 es cómo la respuesta oficial lo amplificó.
Los médicos de Estrasburgo diagnosticaron el problema como "calor natural de la sangre", un exceso de energía que había que agotar. La receta: más baile. El concejo municipal abrió salones, contrató músicos, instaló tarimas. En la práctica, estaba creando la infraestructura para que el brote se expandiera.
Si la hipótesis de la histeria colectiva es correcta, esa respuesta fue justamente la equivocada: al crear un ambiente social que legitimaba y alentaba el baile, las autoridades eliminaron las resistencias psicológicas que podrían haber contenido la propagación. En lugar de tratar a los bailarines como personas con un problema de salud, los trataron como participantes de un evento público, lo que invitó a otros a sumarse.
El brote cesó cuando las autoridades religiosas tomaron el control, enviaron a los bailarines en peregrinación al santuario de San Vito y prohibieron la música y los bailes públicos en la ciudad. El cambio de encuadre, de hecho médico a hecho religioso con una solución ritual, pudo haber aportado el mecanismo psicológico que permitió que los bailarines se detuvieran.
Lo que el brote de 1518 dice de nosotros
La epidemia de baile de 1518 se estudia hoy no solo como curiosidad histórica, sino como caso de estudio sobre los fenómenos psicógenos masivos.
Brotes similares, aunque menos dramáticos, siguen ocurriendo. Es el mismo mecanismo que, según la hipótesis más aceptada, llevó a cientos de soldados estadounidenses a disparar 1.400 proyectiles antiaéreos en la batalla de Los Ángeles de 1942 contra algo que nadie logró identificar: el miedo colectivo produce conductas que superan cualquier lógica individual. En 2011 y 2012, adolescentes de LeRoy, Nueva York, desarrollaron síntomas involuntarios (tics, espasmos, vocalizaciones) que se propagaron por su grupo social. En 2021, adolescentes de todo el mundo desarrollaron síntomas similares a los del síndrome de Tourette después de ver videos en TikTok de creadores con el trastorno.
La capacidad del sistema nervioso humano para desarrollar síntomas físicos reales en respuesta a la presión social y al contagio psicológico está bien documentada. Lo que el caso de 1518 sugiere es que este fenómeno puede, en condiciones de estrés colectivo extremo y sin una intervención adecuada, escalar a dimensiones que matan personas.
Lo que sintió Frau Troffea aquel día de julio cuando empezó a bailar (si era angustia, trance o compulsión) no está registrado en ninguna de las fuentes que sobrevivieron. No sabemos de ella más de lo que sabemos de la mujer de Isdal: dos mujeres cuyo mundo interior sigue siendo inaccesible pese a toda la documentación exterior.
Estaba bailando. Y no podía parar.
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